Hoy es un buen día para escribir. Releer lo que sucedía por
mi mente hace cinco años y darme cuenta lo que ha pasado en este tiempo decanta
en dos conclusiones.
La primera, pensar
que había tocado fondo hace cinco años es nada comparado con las veces que me
he visto en el piso y ni tiempo de llorar he tenido. La segunda situación, fue
darme cuenta que me conozco mejor y me gusta lo que soy.
Tuve un fin de semana complicado e interminable (empezó el
jueves, termino hoy en la madrugada) en él hablé con muchos de mis amigos, con
mis demonios actuales y conocí a los próximos diablos con lo que probablemente
me involucraré ¿de qué sirvió tanta evasión?
No me justifico, no me importa y no me interesa que les
guste o no esta postura. No busco ser anarquista, provocadora, loca, única, ni
ningún adjetivo de ese tipo porque en ese caso lo que estaría reflejando es esnobismo.
Sirvió entonces para darme cuenta de eso, de que por fin
logré independencia social.
Ayer en la noche hablé con una de las personas más
interesantes e inocentes con la que me he involucrado. Confesó su temor por los
riesgos que tomo continuamente apoyándose en patrañas psicológicas, mi remedio
fue invitarle un poco de mi mundo y después dejarlo, sin caer en el cliché de
femme fatal, no quiero (co)romper a seres que pueden hacer algo dentro de su inserción
social.
La necesidad de escribir ha sido más de papel, las redes
sociales y estos nuevos mecanismos de comunicación no son tan personales y caen
en pretensión o popularidad por lo que trataré de escribir más en ellos con el
fin de que pierdan su tiempo y no lean un libro.
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