domingo, 7 de junio de 2020

Un breve mensaje al lunes:

Siento que llevo varios días despertando sin un propósito. No por falta de compañía, ni de trabajo, ni de amor. Me han faltado ganas. 

Estos días donde la incertidumbre va y viene me siento culpable por no haber disfrutado más ése último café que me tomé con mis amigos, o esa salida al cine que hice, donde comprar y compartir unos nachos no tenía un riesgo de vida tan aparente. También me siento culpable de no disfrutar esta tranquilidad que ha traído el encierro. 

Siento culpa por estar agobiada y encerrada, cuando hay mucha gente que se ha quedado sin trabajo, otras más que han perdido a sus seres queridos y una mayoría no sabe con certeza si mañana logrará tener dinero para alimentarse. 

La culpa en la pandemia ha sido de los sentimientos que más me he encontrado, lo acompañan el ansia, el miedo, la incertidumbre, la depresión y mucha alegría. He tenido días donde he vivido todos al máximo. Y sí, es desgastante. 

martes, 10 de marzo de 2020

El ocho M y el nueve M

Escribo esto porque sé que el feminismo me ha roto muchas ideas que antes tenía, porque he sentido culpa por cosas que no debo sentir culpa, porque me he reprimido por miedo al qué dirán y porque he juzgado desde el prejuicio.


También el feminismo me ha devuelto la fe. Lo que pasó en este par de días fue increíble, una sensación de unidad, fuerza, apoyo, feminidad al máximo y mucho, mucho amor. 


Reconocer a esa amiga en el transporte público, que aunque no la conoces la sabes aliada. Reír con tus amigas y gritar en conjunto las consignas, quitarnos el miedo, sanarnos en conjunto, creer en nosotras mismas y movernos. 


La sensación del 8M fue de llanto y risa, de emoción y unión, de enojo y hartazgo, porque estamos hartas de caminar con miedo, de ser juzgadas por la sociedad, de tener miedo de alzar la voz, de hacer el mismo trabajo que los hombres y ser recompensadas con menos paga, de tener que lidiar con el discurso machista que invade a hombres y mujeres y diario tener que evidenciar(nos) actitudes micromachistas.


Ya dije que el feminismo me ha roto y me seguirá rompiendo, porque los esquemas han perdurado mucho tiempo en la historia de la humanidad, porque nos han educado desde hace años en roles que son difíciles de soltar, porque insisten en regresarnos a lo establecido. Por eso escribo hoy esta carta, a mis amigas, a mi hermana, a mi madre,a mi cuñada, a mis abuelas, a mis tías, a mis sobrinos. 


Gritar a lado de ustedes fue una sensación única, no había sentido ese tipo de poder y por ello es que crítico la indiferencia, la indiferencia de muchas mujeres a no querer tomar esa fuerza, y sí, en paralelo las entiendo, las entiendo desde la postura de que romper los esquemas no es fácil y porque sé que la historia que nos han contado dicta que la libertad de albedrío es de una sola, aunque el prejuicio de una sociedad te impregne. Lo entiendo porque he estado ahí. 


También escribo para mis primas, sobrinas y muchas niñas a las que aún les cortan libertad desde que nacen. Hoy a muchas mujeres se nos ha prendido el hambre por saber más de feminismo, por evitar confundirlo con mujerismo, por re educar y re pensar nuestras acciones. 


También esto lo dedico a los hombres que me rodean, porque muchos de ellos han tenido la intención de tratar de entendernos y también de entenderse a ellos. 


Después de la dosis de poder que nos dio el 8M, el lunes de paro me desoló, me hizo pensar en si de verdad preferiría mi hermano no romper una estación de metrobús si un día no aparezco y después me encuentran muerta y violada. 


Me pone a pensar si en verdad mi amiga que no se ha decidido a dejar una relación donde sólo la minimizan podrá hacerlo algún día, porque entiendo que desde mi mirada privilegiada de mujer que se percibe fuerte e independiente, las cosas se ven sencillas de hacer, pero en la acción todo cambia. 


También el paro del 9M sirvió para repensar el futuro, uno al que le tengo miedo porque es muy fácil recaer en las actitudes que por años se han mantenido en la sociedad, en pensar si sería capaz de limitar(me) para no estar sola, en el miedo de sentir que me voy arrepentir en el futuro, en cuestionar si de verdad todo lo que nos han enseñado está mal. 


Pensé en mi mamá y mi papá, en cómo me educaron, en una de mis tías, en muchas de mis primas y amigas. Pensé en amigos con los que he pasado muchos años de vida y aprendizajes. Pensé aún más en mis sobrinos y en el mundo que les espera, de todo corazón espero que sea más equitativo y mucho menos violento. 

lunes, 21 de octubre de 2019

Enojo y duelo

Le pregunté a mi terapeuta sobre el duelo y sobre por qué iba por etapas. Me explicó brevemente que desde 1969 una psiquiatra suiza, que se formó en Estados Unidos, llamada Elisabeth Kübler-Ross definió que eran cinco las etapas del duelo y que desde entonces se había discutido sobre si se cumplía o no este modelo. 

Estoy harta de estar enojada y quiero seguir a la siguiente etapa, me siento estancada y cansada- le contesté. 

¿Sientes ira o depresión? Recuerda que pueden venir combinadas, me advirtió. 

Solo me siento enfadada y defraudada cada vez que lo pienso. Estoy cansada de pensar y de sentir enojo- le dije. Quiero llorar o negar lo que pasó, incluso quiero sentir que debo negociar con el entorno- puntualice. 

Incluso a veces no vives todas las etapas, te enfrascas en una y debes trabajar para salir de ella. Me repitió, a manera de consuelo, mi terapeuta. 

Me volví a enfadar. 

¿Qué sientes además de enojo? Me cuestiono, entrando de lleno a la terapia del día. 

Ubico que tengo dos tipos de enojo y cansancio. Hay días en los que me siento sofocada, donde quiero llorar y no puedo, donde no quiero pensar en un futuro, porque sería volver a creer y me enoja sentir que me van a volver a decepcionar, me enoja darle vueltas a lo que pasó. Quiero dejar de sentir desprecio por él, empecé a decir. 

Esperaba una lágrima, pero no, sólo siguió el enojo. 

Hay otros días -proseguí- los peores, pero los comunes a lo largo de los años, donde sólo siento enojo por extrañar creer en algo, por no sentir un refugio cercano y sólo imagino mi alma en pedazos, quiero salir corriendo.

Mi terapeuta me vio con esa mirada de no creerme del todo. Entorno la vista a sus apuntes y me volvió a cuestionar: ¿y después, cómo cambias de un enojo al otro?. 

No lo sé, sólo pasa. A veces se me olvida estar enojada y llevo mi día normal, pero siempre que llego a casa se enfrentan a duelo ese tipo de enojos. Prefiero el segundo porque es el que más conozco, el primero sólo me hace sentir decepcionada, en el segundo siento que es un terreno conocido, donde sólo debo recuperar la fe. 

¿Y eres creyente?, me rebatió. 

Hay días donde siento más fe. Trato de guardar ese sentimiento para los días en los que la pierdo. Sólo que esta vez ha imperado el enojo, no he aceptado del todo la decepción de haber confiado y después haber sido timada. 

Pero, entonces ¿con quién estás enojada? 

Con él por ser un cobarde, conmigo por ser una creyente.

Joel y Jorge

Mirna se sentía destruida, llevaban apenas un par de meses separados y Joel había empezado a salir con alguien, una persona que aparentemente no podría suplirla por completo en la locura, pero sí brindar esa experiencia de rareza que tanto le agradaba a él. Habían tenido una relación de cinco años, con la que crecieron, con la que se vieron en los primeros momentos de fracaso adulto, pero al final había sido parte del crecimiento.

Joel la había dejado porque ella estaba enferma, no sabían bien de qué, era una especie de depresión y ansiedad que la tenía tumbada por meses en cama, sin que Mirna quisiera salir, pero esos meses que ella percibió como días se habían convertido en casi siete meses de agonía en su relación de por sí ya débil, ella sabía que él se había esforzado por entender y procurar ayudarla, pero ella también había querido ser recelosa de su propia enfermedad.

Al final Mirna había cedido en parte a que se dieran un tiempo, a que cada quien buscara lo mejor para cada uno y a tratar de enfocarse en sus propios proyectos, sin embargo él la había traicionado con esa maldita que lo tenía todo, incluso a él.

La primera vez que supo que algo estaba ocurriendo entre la ella y él, fue por una foto que subieron a redes; ella se veía radiante y feliz, él se veía pleno, como nunca había logrado verse en las fotos que Mirna le organizaba a manera de sesión para tomar un retrato que pudiera consolidarla como fotógrafa, pues por más que tomaba imágenes de naturaleza, la realidad le decía que no pasaba de esa fotografía mediocre, de esas tomas cotidianas que se ven en los libros de biología.

Cuando vio por primera vez esas imágenes supo que la ella lo había hechizado y que tenía que actuar rápido para que volviera a sentirlo seguro, así que lo primero que hizo fue llamarlo para decirle que estaba en problemas.

Lo conocía bien y sabía que era de ese tipo de personas que confía en la buena voluntad de los individuos; de aquellos seres nostálgicos que repensaba en lo que sucedió en el pasado, pues Joel es un entusiasta que le gusta rememorar los buenos tiempos. Él accedió a que fueran a tomar un café para que ella pudiera desahogarse.

Mirna llegó vestida con esmero, tratando de pintar en su rostro la imagen de una mujer más exitosa, que se viera que podía tener el pelo teñido y unas cejas depiladas, con un atuendo simple, pero que sólo detonaba algo de clase entre sus conocidos de la colonia donde vivía.

Se sentía segura, vistiendo un pequeño saco color mostaza, poniéndose ese reloj que parecía más caro de lo que en realidad era y planchando su cabello. Sin embargo, ese atuendo que la diferenciaba en su barrio como la hija del abogado, se veía apenas perceptible dentro de la ciudad.

En realidad se notaba el poco cuidado que su estilista tenía al dejar sus cejas abundantes y negras convivir con su cabello rojizo, su piel mostraba signos de aquel acné adolescente que aún padecía y sus labios rojos eran demasiado artificiales para sentirse en armonía con esa imagen que trataba de demostrar. Joel se mantenía alto, más delgado y menos ingenuo que la última vez que lo vio.

Casi después de saludarlo le dijo que estaba embarazada, que tenía un par de meses y que quería tener al bebé, que sabía perfectamente que él no quería ser padre, pero que así estaban las cosas y como buen hombre tenía que apoyarla. Joel no supo qué decir, se limitó a preguntar cómo lo sabía ella y si tenía alguna prueba de que él fuera el padre.

Mirna comenzó a llorar, un poco ofendida por las preguntas de Joel, pero más bien asustada por esa postura de poder que él tomaba. Le dijo que podrían ir al médico cuando él quisiera, pero que eso sí, sabía que estaba viendo a alguien y eso tenía que terminar, ella no podía llevar a su hijo sabiendo que él le estaba siendo infiel con esa maldita.

Joel se limitó a decirle que hablaría con su actual pareja, pero que necesitaba respuestas a las preguntas que le estaba haciendo, que la conocía y aunque quería apoyarla, necesitaba saber con certeza los detalles de la situación para saber proceder.

Joel había caído en la trampa.

Mirna regresó a su casa en el oriente de la ciudad sintiéndose poderosa, ganadora. Por fin esa maldita no lo tenía todo, pero sobre todo él aún confiaba en ella, aún podía jugar con su esperanza de tener un futuro con ella, aún podía manipular la historia para que él sintiera que habían vivido una separación necesaria, una momentánea ruptura en la que él pudo definir qué quería en su vida y obvio él no quería esa vida de estrés y amigos extraños que esa ella le ofrecía.

Joel tuvo que separarse de su pareja, le dijo que en realidad le había mentido y que siempre había mantenido una relación con la próxima madre de su hijo.

Sabía bien que ella era muy orgullosa y dejaría de buscarlo sabiendo eso, la conocía bien y la quería demasiado para tener que involucrarla en un problema con Mirna. Ella lo dejó, lo maldijo por un momento y después le deseo suerte. Joel sabía que estaba herida, muy herida.

Durante meses Mirna se mantuvo apegada a la idea de que estaba embarazada e hizo que incluso sus padres creyeran su mentira. Alucinaba a un nivel enfermo.

Los amigos de Joel intentaron acercarse a él, amigos de Mirna intentaron indagar más sobre el tema, pues no creían la versión de su amiga, sin embargo se mantenía firme a su mentira y hacía lo posible para hacerla verosímil.

Mirna después de seis meses de fingir tuvo que acceder a las peticiones de sus padres por hacerse pruebas más certeras.

Joel la dejó después de proferirle odio. Mirna se quedó en la realidad de ser la buena y víctima de la historia, nunca quiso darse cuenta que lo que había hecho había estado mal, se dijo feminista cuando en realidad su envidia hacia una mujer la orilló a actuar de esa forma tan vil. No se dio cuenta de lo poco feminista que era.

Pero al final llegó Jorge, con quien después de la obsesión tuvo calma. 

jueves, 19 de septiembre de 2019

La mejor versión

Cuando te deprimes una de las cosas que más te recomiendan hacer es que salgas y conozcas personas, lugares o vivas experiencias nuevas. Lo malo es que conocer tanto y no conectar con nadie te deprime más.

No es queja, es advertencia, pero es la comprobación de que el hecho de que dos personas coincidan es un milagro. 

De repente al conocer a alguien nuevo vienen las preguntas de siempre: ¿cómo estás? ¿qué haces?.
Sin que realmente te importe la respuesta.

Me importa más que quien amo me pueda decir: Me siento fatal, te puedo contar mi día, no es grato, pero necesito hablar con alguien. 

No quiero hablar del clima, ni de las cosas cotidianas, quiero hablar de sueños, de anhelos, de miedos y de cómo no sé cómo vamos a afrontarlos.

Pero no, ahora toca fingir que el sacrificio que se ha hecho no importa, que nada impide la partida y que te irás. Que la voluntad se borra y la disposición por permanecer se acaba. Las relaciones no son perfectas siempre, si quieres la mejor versión de esa persona toca apoyarla de vez en vez, para que siga siendo esa mejor versión, si te vas antes de que lo logre, será difícil que vivas el esplendor.

Ahora debo fingir que no pasa nada, que la vida sigue, que el trabajo es mucho y que la vida brinda grandes oportunidades como para desperdiciarlas en tristezas. Miento y digo que todo pasa, que estoy bien, que no te extraño y que quiero seguir siendo tu amiga.  A veces me auto engaño pensando que podríamos ser amigos para permanecer cerca.

Sólo recuerdo lo mal que me siento cuando llego a casa después de estar en el mundo. De escuchar el silencio que reina.

Ojalá pudiera explicarte por qué siento miedo, por qué desnudar mi alma es tan relevante, por qué es tan difícil que me encuentres peculiar. 

Qué me digas ¿qué te hace sentir tan rara que te vuelve única? Y que me ames por eso, aunque no me entiendas. 

Como me gustaría volver al momento donde me contabas todo lo que quieres hacer y no te atreves porque te da miedo, pero que ambos veíamos la posibilidad de lograr todos esos planes.

Extraño que me confieses tu amor a disfrutar la vida porque siempre te ha pasado algo malo cuando lo haces. Al momento donde nos veíamos al cruzar la calle y sonreímos porque estábamos juntos.

Pero tú no quisiste. 

domingo, 28 de julio de 2019

Gestos

Me leyó el gesto y luego me cuestionó ¿cómo se siente el amor?. 

-No lo entendía o no sabía que era amor hasta que lo sentí- le contesté.  Ahí se dio cuenta que cuando estuvimos juntos no había sido amor, lo nuestro fue emoción, locura, una sensación de amor odio que terminó por NO ser . 

-Lo que pasó entre nosotros fue una obsesión. Nos quebramos ante ella y nos perdimos- remate. Ella me miró. 

-Sé que al final me obsesioné, te hice daño, te engañé y terminé por perderte. Pero sé que te amé- me contestó ella. 

-Lo siento, pero yo no te amé. Fue mejor separarnos- proseguí a su respuesta. 

-Creo que somos entes solitarios que al paso de la vida nos encontramos con muchas personas, no sé si sea coincidir, creo que se trata de la suma al tiempo, de los fracasos y de la pérdida de dónde aprendemos a encontrar el amor. Lamento darme cuenta después que lo que tuve hacia ti fue una obsesión por salvarte, por alejarte de esa locura que te tenía enfrascada, pero ahora sé que realmente no te amaba, solo quería salvar a la que en ese momento era mi amiga-. 

La mire un momento más para verificar si seguía escuchando. 

-Es muy distinto lo que ahora siento, contigo todo era un nudo que desapareció en cuanto lo jale. Fue un nudo que me dolió deshacer, pero que al hacerlo me di cuenta que estaba amarrado, sólo eso, no quise permanecer ahí. Contigo no quise crecer-.

Ella empezó a llorar, nunca vestía de negro y esa vez parecía que se había preparado para el momento, sabía de antemano que tendríamos una regresión donde se enteraría de lo que ya sabía. Lo seguía espiando en redes y notaba que esa vez él se sentía distinto, se veía distinto, su mirada, su sonrisa, algo había cambiado en él y ella no había sido la que lo provocaba. 

-Me di cuenta que era amor cuando sentí paz, cuando la plenitud se percibió y aunque tenía miedo quise hacerlo. De verdad lo siento-. 

Ella se levantó y sólo le dio las gracias con un gesto. Lo odiaba, a él y a ella, pero tenía que aguantarlos a la distancia, porque sabía que ya no podía hacer más daño. 

-No te deseo nada porque de corazón no saldrá algo bueno, sólo espero no encontrarlos nunca-. 

Él terminó de comer y le llamó a su verdadera ella, aquella que no poseía, pero que sabía que amaba.

miércoles, 10 de julio de 2019

Más que una nube

Hay días en que el amor duele más de lo que habías pensado, donde la tristeza inherente prevalece más que nada y te recuerda lo frágil que puedes ser. De niña nunca imaginé que el amor tuviera estos episodios, y no se trata de una relación tóxica, se trata de la locura que genera por momento inseguridades y dolor. 


El par de veces que he sentido que me he enamorado he llorado, de amor y de tristeza, de emoción por sentir que es eterno, de tristeza por el miedo. Tal vez en la segunda ocasión es más fácil llorar por el miedo, porque el primer enamoramiento te ha enseñado a que el llanto por emoción tarde o temprano será proporcional al de la tristeza. Entre más crecemos, menos esperanza hay. 


La emoción de descubrir que duermes del lado correcto, que te aburren las mismas cosas, que descubres un gesto que te enamora, que escuchas una canción y relacionas a la otra persona. Ese proceso donde se hablan tanto, donde se están descubriendo genera mucha emoción. 


Pasa el tiempo y de repente descubres que un hueso truena con cierto movimiento, que un mal hábito puede ser molesto, que dejan de hablar. Y sí, empieza a doler. Tal vez venga una primera ruptura, una primer pelea donde desconoces al otro. Hablan de miedos, hablan de planes, hablan de las capacidades de lo que puedes ofrecer y de lo que te hace falta. 


¿A qué jugabas? ¿Qué sueñas? ¿Qué te mantiene frustrado? ¿Por qué te da tanto miedo? 


Ver las grietas de la vida que se quedan en el alma y platicar de las cicatrices físicas es parte de este amor, de ese posible llanto. 


Sé que algunos recuerdos aún duelen, sé que hay cicatrices que arden solo de mirarlas, sé que tu pasado no es perfecto y tu futuro es más que incierto. De repente abres la puerta del amor fallido, de los monstruos que están. No, no quiero quedarme en ese cuarto. También siento miedo y lo demuestro. 


Te muestro como late mi corazón, como hiperventilo, como hay ansiedad en mi ser. Los recuerdos y problemas son parte de la imperfección que somos, ¿quieres que se paciente? ¿quieres cerrar la puerta?

No quiero quedarme en el cuarto de los amores fallidos, quiero sentir la humedad de tus ojos y secarlos, quiero crear recuerdos que te hagan sonreír. Quiero quererte todo. Con llanto triste y llanto alegre. Más que una nube, quiero ser una lluvia cálida, que te haga florecer y crecer.