Escribo esto porque sé que el feminismo me ha roto muchas ideas que antes tenía, porque he sentido culpa por cosas que no debo sentir culpa, porque me he reprimido por miedo al qué dirán y porque he juzgado desde el prejuicio.
También el feminismo me ha devuelto la fe. Lo que pasó en este par de días fue increíble, una sensación de unidad, fuerza, apoyo, feminidad al máximo y mucho, mucho amor.
Reconocer a esa amiga en el transporte público, que aunque no la conoces la sabes aliada. Reír con tus amigas y gritar en conjunto las consignas, quitarnos el miedo, sanarnos en conjunto, creer en nosotras mismas y movernos.
La sensación del 8M fue de llanto y risa, de emoción y unión, de enojo y hartazgo, porque estamos hartas de caminar con miedo, de ser juzgadas por la sociedad, de tener miedo de alzar la voz, de hacer el mismo trabajo que los hombres y ser recompensadas con menos paga, de tener que lidiar con el discurso machista que invade a hombres y mujeres y diario tener que evidenciar(nos) actitudes micromachistas.
Ya dije que el feminismo me ha roto y me seguirá rompiendo, porque los esquemas han perdurado mucho tiempo en la historia de la humanidad, porque nos han educado desde hace años en roles que son difíciles de soltar, porque insisten en regresarnos a lo establecido. Por eso escribo hoy esta carta, a mis amigas, a mi hermana, a mi madre,a mi cuñada, a mis abuelas, a mis tías, a mis sobrinos.
Gritar a lado de ustedes fue una sensación única, no había sentido ese tipo de poder y por ello es que crítico la indiferencia, la indiferencia de muchas mujeres a no querer tomar esa fuerza, y sí, en paralelo las entiendo, las entiendo desde la postura de que romper los esquemas no es fácil y porque sé que la historia que nos han contado dicta que la libertad de albedrío es de una sola, aunque el prejuicio de una sociedad te impregne. Lo entiendo porque he estado ahí.
También escribo para mis primas, sobrinas y muchas niñas a las que aún les cortan libertad desde que nacen. Hoy a muchas mujeres se nos ha prendido el hambre por saber más de feminismo, por evitar confundirlo con mujerismo, por re educar y re pensar nuestras acciones.
También esto lo dedico a los hombres que me rodean, porque muchos de ellos han tenido la intención de tratar de entendernos y también de entenderse a ellos.
Después de la dosis de poder que nos dio el 8M, el lunes de paro me desoló, me hizo pensar en si de verdad preferiría mi hermano no romper una estación de metrobús si un día no aparezco y después me encuentran muerta y violada.
Me pone a pensar si en verdad mi amiga que no se ha decidido a dejar una relación donde sólo la minimizan podrá hacerlo algún día, porque entiendo que desde mi mirada privilegiada de mujer que se percibe fuerte e independiente, las cosas se ven sencillas de hacer, pero en la acción todo cambia.
También el paro del 9M sirvió para repensar el futuro, uno al que le tengo miedo porque es muy fácil recaer en las actitudes que por años se han mantenido en la sociedad, en pensar si sería capaz de limitar(me) para no estar sola, en el miedo de sentir que me voy arrepentir en el futuro, en cuestionar si de verdad todo lo que nos han enseñado está mal.
Pensé en mi mamá y mi papá, en cómo me educaron, en una de mis tías, en muchas de mis primas y amigas. Pensé en amigos con los que he pasado muchos años de vida y aprendizajes. Pensé aún más en mis sobrinos y en el mundo que les espera, de todo corazón espero que sea más equitativo y mucho menos violento.