PERSONAL
UNO
SEIS
DE OCTUBRE 2013
EL
CUENTO DEL ALCOHOL Y LO QUE SIEMPRE PASA
El
alcohol puede ser uno de los aliados más afables que aconsejan y dan valor
cuando lo necesitas, o por lo menos eso era lo que acontecía cuando era
bebedora ocasional. Lo cierto es que esta alianza puede ser sincera pero
después de la frecuente convivencia puede llegar a ser conflictiva.
Las
amistades muchas veces te demuestran y te dan a conocer tu lado oscuro, cosa
que él te presenta de las peores formas, mas esta forma es la más asequible.
¿Quejarse?
¿Dejarlo? ¿Lamentarse? Creo firmemente en que tiene su forma de seducción que
no te permite dejarlo por completo. Esa relación amor-odio es celosa, es
enferma, es adictiva pero sobre todo es pura.
Eso
justo pensé la primera vez que me di cuenta que había tocado fondo, que me
percataba que mi adicción me hacía sentir culpable, me hacía verme en la peor
situación, no me reconocía, me pesaba mi propio ser.
Pensar
en las consecuencias que originaba mi dependencia. Esa era una tarea que me
hacía sentir culpable por momentos, me dejaban deprimida y aletargada por un
par de días, pero después lo volvía a encontrar, lo volvía a saborear y no me
resistía a su encanto. Estaba en un ambiente donde él me ganaba, me dominada y
me dejaba tirada y sin autoestima, era como muchas mujeres golpeadas que vuelven
a casa de sus queridos esposos cuando éstos son unos machos golpeadores que
dicen amarte, y lo crees, yo lo creía, confiaba en ese amor. La sensación de
estar en comunión con alguien.
Un
Dios. Y así lo concebía, mi amor por él era en cada ocasión un estado de
éxtasis, un desdoblamiento de mi verdadero sentir con el mundo, que por ser tan
inalcanzable sólo podía sentirlo por unos minutos.
Esos
pequeños minutos me ayudaban a seguir viviendo lo que después llamé vida falsa,
vida extraña, vida que supuestamente no me gustaba vivir y por la que iba sin
sentido viviéndola. Esto era ir a trabajar, ver a mi novio, comer bien, salir
con amigos, hacer ejercicio, salir con la familia, comprometerme a ser un ente
productivo para esta sociedad.
Pero
también esa opción estaba de lado, esa opción también era errónea y yo debía de
aceptar que ninguna de las múltiples “realidades” que me creaba era justo eso,
real. Tenía que admitir que lo único que hacía era creer ese juego, ese juego
inventado como cualquier otra cosa que la imaginación, crea y alimenta para
poder seguir viviendo.
¿Seguir
viviendo? ¿Acaso la vida que vivo es mala? Porque hasta donde tengo entendido
no es así, hasta donde sé tendría que ser muy feliz pues tengo un buen trabajo,
un techo agradable, un compañero de cuarto maravilloso, unos padres que me
consienten y adoran, amigos, un novio que se muere por mí, y muchos amigos más
que están latentemente enamorados de mí.
El
punto entonces es saber hasta qué punto es seguir con esa relación de amor
odio. Fuera ya, incluso, de la sanidad.
*Un texto que salió hace unos meses y que acabo de releer*
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