martes, 31 de marzo de 2015

Una forma de vida

PERSONAL UNO
SEIS DE OCTUBRE 2013
EL CUENTO DEL ALCOHOL Y LO QUE SIEMPRE PASA

El alcohol puede ser uno de los aliados más afables que aconsejan y dan valor cuando lo necesitas, o por lo menos eso era lo que acontecía cuando era bebedora ocasional. Lo cierto es que esta alianza puede ser sincera pero después de la frecuente convivencia puede llegar a ser conflictiva.
Las amistades muchas veces te demuestran y te dan a conocer tu lado oscuro, cosa que él te presenta de las peores formas, mas esta forma es la más asequible.
¿Quejarse? ¿Dejarlo? ¿Lamentarse? Creo firmemente en que tiene su forma de seducción que no te permite dejarlo por completo. Esa relación amor-odio es celosa, es enferma, es adictiva pero sobre todo es pura.
Eso justo pensé la primera vez que me di cuenta que había tocado fondo, que me percataba que mi adicción me hacía sentir culpable, me hacía verme en la peor situación, no me reconocía, me pesaba mi propio ser.  
Pensar en las consecuencias que originaba mi dependencia. Esa era una tarea que me hacía sentir culpable por momentos, me dejaban deprimida y aletargada por un par de días, pero después lo volvía a encontrar, lo volvía a saborear y no me resistía a su encanto. Estaba en un ambiente donde él me ganaba, me dominada y me dejaba tirada y sin autoestima, era como muchas mujeres golpeadas que vuelven a casa de sus queridos esposos cuando éstos son unos machos golpeadores que dicen amarte, y lo crees, yo lo creía, confiaba en ese amor. La sensación de estar en comunión con alguien.
Un Dios. Y así lo concebía, mi amor por él era en cada ocasión un estado de éxtasis, un desdoblamiento de mi verdadero sentir con el mundo, que por ser tan inalcanzable sólo podía sentirlo por unos minutos.
Esos pequeños minutos me ayudaban a seguir viviendo lo que después llamé vida falsa, vida extraña, vida que supuestamente no me gustaba vivir y por la que iba sin sentido viviéndola. Esto era ir a trabajar, ver a mi novio, comer bien, salir con amigos, hacer ejercicio, salir con la familia, comprometerme a ser un ente productivo para esta sociedad.
Pero también esa opción estaba de lado, esa opción también era errónea y yo debía de aceptar que ninguna de las múltiples “realidades” que me creaba era justo eso, real. Tenía que admitir que lo único que hacía era creer ese juego, ese juego inventado como cualquier otra cosa que la imaginación, crea y alimenta para poder seguir viviendo.
¿Seguir viviendo? ¿Acaso la vida que vivo es mala? Porque hasta donde tengo entendido no es así, hasta donde sé tendría que ser muy feliz pues tengo un buen trabajo, un techo agradable, un compañero de cuarto maravilloso, unos padres que me consienten y adoran, amigos, un novio que se muere por mí, y muchos amigos más que están latentemente enamorados de mí.

El punto entonces es saber hasta qué punto es seguir con esa relación de amor odio. Fuera ya, incluso, de la sanidad. 

*Un texto que salió hace unos meses y que acabo de releer* 

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