La
Ciudad de México ha entrado en el cliché de ser estruendosa y mágica, unos la
odian y curiosamente los más sensibles y jóvenes la aman, no es determinante
esta postura, claro está, pero es lo más usual cuando opinan de ella.
Enamorarte
de la ciudad es más frecuente que enamorarte dentro de ella, tal vez por el
ruido o por su persistencia a ser caprichuda.
Puedes
encontrarla melancólica en las mañanas y por la tarde lujuriosa, aunque pasadas
las 7 de la noche empiece a llorar.
La bipolaridad le queda bien, como a muchos
de los que la habitan.
Así
también te encuentras personajes únicos, algunos famosos como Quirarte quien da
consejos a los escritores nacientes para que aprovechen toda la inspiración que
emanan el asfalto y el concreto, hasta las inesperadas astrólogas
que puedes encontrarte en los pasillos de la Vasconcelos.
Los
consejos que te dan pueden ser igual de diversos y tener bases inconcebibles al
raciocinio, la astróloga que un día encontré se llama Rosa, es bajita, rubia,
con ojos almendrados, pintados de colores vivos. Cuando la saludé me recordó
mucho a mi difunta abuela. Rosita me dijo – no debes casarte, tú no estás hecha
para el matrimonio porque te crees muy intelectual para amarrarte a alguien,
puedes concebir la libertad con una pareja pero esta pareja debe estar en
sintonía contigo-. Cuando ella me dijo todo esto con base en mi signo zodiacal,
sólo pude reír y dar las gracias pues curiosamente ese fin de semana necesitaba
que alguien reafirmara mi decisión por no contraer matrimonio y el pretexto
quedaba respaldado en la estrellas.
Quirarte
en cambio dijo que disfrutara la ciudad que la hiciera mía y que ella me
hiciera suya, pues ambas podíamos ayudarnos y tener una relación armoniosa –ve la
ciudad, ve los edificios cuando son derretidos por la lluvia, ve como se
refresca el asfalto con la primera gota de agua, ve a las hormigas citadinas
que de vez en vez deciden ver el cielo y exclamar lo bello que es, vete a ti
misma en los espejos y disfrútate-
Hoy
amé la Ciudad, más allá de seguir en el cliché, ha sido mi refugio y prefiero
enaltecer su figura como figura elevada que provoca emoción, tirria, esperanza
u odio. Puede ser un Dios, puede ser un demonio, puede ser la ambigüedad entre
cariño y recelo, puede ser un hogar o desterrarte.
La
percepción que tengas de ella tal vez depende de tu humor y de su humor.
Tal
vez cuando deje de llover y se respire
tranquilidad los seres alocados la invadiremos y gozaremos aunque siempre nos
da sorpresas y su mismo humor es lo que atrae más.
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