Hace unas semanas decidí dejar dos relaciones que me estaban
volviendo loca. Una fue laboral, la otra fue sentimental. La primera fue una
decisión que alivió mi alma, pues estar tanto tiempo en estrés y peleas me
estaba provocando otros daños colaterales que se estaban saliendo de control.
Dejar en sí el puesto fue sencillo, lo difícil ha sido dejar de ver a muchas
personas que tomaron un lugar importante en mi corazón, pues sabemos que, aunque
sigamos en contacto, la constancia de nuestros encuentros será menor.
La segunda me sigue partiendo el corazón cada que la
recuerdo. Pero creo que el viaje que emprendí me ayudó a comprender muchas
cosas, como comprender por qué no podemos estar juntos y el daño que nos
estábamos haciendo por aferrarnos a un ideal que aún no podemos cumplir.
Prometimos buscarnos. No creo que vuelva a suceder.
El viaje fue un regalo, un encuentro, una salida y un
reconocimiento. Me fui de España con la promesa de volver, promesa que no sólo
me hice a mí, sino a la gente que encontré en el camino.
El regalo que me dio fueron las imágenes, sonidos, sabores y
sensaciones que provocaron los lugares que visité. Desde la Gran Vía de Madrid
hasta la indescriptible Alhambra. Los sabores del Mediterráneo, el sol de
Barcelona, la música madrugadora post Primavera Sound, todo sirvió para ir
abriendo un poco más los ojos, para percibir esos sabores nuevos, para
disfrutar esas charlas nocturnas con acentos extranjeros. El cuerpo no me dio
el ancho, creo que me faltó más por percibir.
El encuentro que tuve conmigo no tendrá marcha atrás.
No es
la primera vez que estoy sola, no es la primera vez que veo algo sorprendente e
intento describirlo para mí misma, pero esta vez fue diferente. Esta vez me
encontré con una Eréndira pérdida que intentaba entender cada hecho que acababa
de vivir, con alguien herida y aferrada a situaciones, sin embargo las
circunstancias me dejaron en ese comienzo: volver a hablar conmigo.
Gracias
circunstancias, gracias por esa visita a lugares nuevos y por ese retorno al
ensimismamiento.
Como salida tal vez ha rayado en lo cliché, pero me da
igual. Valió la pena llegar a ese límite.
Hoy siento que puedo comenzar otros ciclos, dejar ir los que
se han cerrado y continuar viviendo.
Justo ahora siento que podré quedarme sola
y hacerme adicta a esa soledad.
Gracias a los que han seguido en el viaje y gracias a los
que se sumaran.
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