martes, 7 de junio de 2016

Incoar. Incoando y arando

Hace unas semanas decidí dejar dos relaciones que me estaban volviendo loca. Una fue laboral, la otra fue sentimental. La primera fue una decisión que alivió mi alma, pues estar tanto tiempo en estrés y peleas me estaba provocando otros daños colaterales que se estaban saliendo de control. 
Dejar en sí el puesto fue sencillo, lo difícil ha sido dejar de ver a muchas personas que tomaron un lugar importante en mi corazón, pues sabemos que, aunque sigamos en contacto, la constancia de nuestros encuentros será menor.


La segunda me sigue partiendo el corazón cada que la recuerdo. Pero creo que el viaje que emprendí me ayudó a comprender muchas cosas, como comprender por qué no podemos estar juntos y el daño que nos estábamos haciendo por aferrarnos a un ideal que aún no podemos cumplir. Prometimos buscarnos. No creo que vuelva a suceder.  


El viaje fue un regalo, un encuentro, una salida y un reconocimiento. Me fui de España con la promesa de volver, promesa que no sólo me hice a mí, sino a la gente que encontré en el camino.


El regalo que me dio fueron las imágenes, sonidos, sabores y sensaciones que provocaron los lugares que visité. Desde la Gran Vía de Madrid hasta la indescriptible Alhambra. Los sabores del Mediterráneo, el sol de Barcelona, la música madrugadora post Primavera Sound, todo sirvió para ir abriendo un poco más los ojos, para percibir esos sabores nuevos, para disfrutar esas charlas nocturnas con acentos extranjeros. El cuerpo no me dio el ancho, creo que me faltó más por percibir.
El encuentro que tuve conmigo no tendrá marcha atrás. 

No es la primera vez que estoy sola, no es la primera vez que veo algo sorprendente e intento describirlo para mí misma, pero esta vez fue diferente. Esta vez me encontré con una Eréndira pérdida que intentaba entender cada hecho que acababa de vivir, con alguien herida y aferrada a situaciones, sin embargo las circunstancias me dejaron en ese comienzo: volver a hablar conmigo. 

Gracias circunstancias, gracias por esa visita a lugares nuevos y por ese retorno al ensimismamiento.


Como salida tal vez ha rayado en lo cliché, pero me da igual. Valió la pena llegar a ese límite.

Hoy siento que puedo comenzar otros ciclos, dejar ir los que se han cerrado y continuar viviendo. 

Justo ahora siento que podré quedarme sola y hacerme adicta a esa soledad.



Gracias a los que han seguido en el viaje y gracias a los que se sumaran.  

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