viernes, 30 de septiembre de 2016

Regalo de cumpleaños

Desperté y era mi cumpleaños, no me gusta que sea mi cumpleaños, es demasiado atención en un solo día y uno puede mal acostumbrarse. Escuché la licuadora que molía el licuado del día, hoy toca de avena con fresa, es miércoles y mamá olvidó que soy alérgico a la fresa. Es tu cumpleaños y no desayunarás. Vaya cumpleaños.

Lisa escucha una canción que habla sobre el crecimiento personal, está en inglés y por eso apenas y su dicción le permite entonar unas frases correctas. Tiene un buen tono de voz, pero un carácter de señor rabo verde. Suena el celular, seguramente es Anahí, todas las mañanas verifica que nadie haya publicado en mis redes sociales y después me llama para verificar que he despertado en casa. La quiero, pero cada día me ahoga más. Mientras medito suena una vez más el celular, si sigo dejando que pase el tiempo pagaré cara la osadía. Me levantó y contestó el teléfono.

-Hola- escucho un silencio. – Hola amor, estaba preocupada por ti, ayer ya no supe a qué hora llegaste a casa y vi que te conectaste en la madrugada ¿saliste?- Respiro y le contestó que no, que sólo entré a ver las noticias y algunas fotos, no respondo más, me quedo a la espera de mi felicitación.
-Bueno, amor, te veo en la escuela, sabes que te amo y que espero pases un lindo día- sentencia Anahí ante mi oído confundido.

Bajó a la cocina, mamá y papá se han ido, Lisa está arrancando su auto, tengo dos opciones: quedarme en casa o salir a tomar fotografías al centro de la ciudad. Decido prepararme un café. Mientras sorbo la primera taza que me serví, veo hacia la cuadra, alcanzo a ver a Elena. Se ve tan guapa Elena, trae un vestido negro, una chamarra de mezclilla y unos tenis negros, su cabello cae en su cara de forma anárquica, mira hacia mi ventana y me saluda. Está sonriendo y yo sólo puedo sorber mi café y saludarla con mi mano. Siempre he querido a Elena, no sé si ella me quiere, siempre charlamos.

Alcanzó a ver como se pierde de mi vista y decido que es hora de ir a tomar esas fotos. Tomó mi chamarra, me lavo la cara y alcanzo mi mochila. Salgo de casa y tomó el mismo rumbo que Elena tomó, aún se percibe su aroma.

Al doblar la esquina encuentro a Elena, al momento se abalanza a mi cuello y me felicita, acaricia mi cabello y me besa los parpados. Huele a fresas, tal vez por eso no me atrevo a decirle que la quiero.

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