Desperté y era
mi cumpleaños, no me gusta que sea mi cumpleaños, es demasiado atención en un
solo día y uno puede mal acostumbrarse. Escuché la licuadora que molía el
licuado del día, hoy toca de avena con fresa, es miércoles y mamá olvidó que soy alérgico a la fresa. Es tu cumpleaños y no desayunarás. Vaya cumpleaños.
Lisa escucha una
canción que habla sobre el crecimiento personal, está en inglés y por eso
apenas y su dicción le permite entonar unas frases correctas. Tiene un buen
tono de voz, pero un carácter de señor rabo verde. Suena el celular, seguramente
es Anahí, todas las mañanas verifica que nadie haya publicado en mis redes
sociales y después me llama para verificar que he despertado en casa. La
quiero, pero cada día me ahoga más. Mientras medito suena una vez más el
celular, si sigo dejando que pase el tiempo pagaré cara la osadía. Me levantó y
contestó el teléfono.
-Hola- escucho
un silencio. – Hola amor, estaba preocupada por ti, ayer ya no supe a qué hora
llegaste a casa y vi que te conectaste en la madrugada ¿saliste?- Respiro y le
contestó que no, que sólo entré a ver las noticias y algunas fotos, no respondo
más, me quedo a la espera de mi felicitación.
-Bueno, amor, te
veo en la escuela, sabes que te amo y que espero pases un lindo día- sentencia
Anahí ante mi oído confundido.
Bajó a la
cocina, mamá y papá se han ido, Lisa está arrancando su auto, tengo dos
opciones: quedarme en casa o salir a tomar fotografías al centro de la ciudad.
Decido prepararme un café. Mientras sorbo la primera taza que me serví, veo
hacia la cuadra, alcanzo a ver a Elena. Se ve tan guapa Elena, trae un vestido
negro, una chamarra de mezclilla y unos tenis negros, su cabello cae en su cara
de forma anárquica, mira hacia mi ventana y me saluda. Está sonriendo y yo sólo
puedo sorber mi café y saludarla con mi mano. Siempre he querido a Elena, no sé
si ella me quiere, siempre charlamos.
Alcanzó a ver
como se pierde de mi vista y decido que es hora de ir a tomar esas fotos. Tomó
mi chamarra, me lavo la cara y alcanzo mi mochila. Salgo de casa y tomó el
mismo rumbo que Elena tomó, aún se percibe su aroma.
Al doblar la
esquina encuentro a Elena, al momento se abalanza a mi cuello y me felicita,
acaricia mi cabello y me besa los parpados. Huele a fresas, tal vez por eso no
me atrevo a decirle que la quiero.
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