martes, 9 de junio de 2015

Perdidez finita

Son mis últimas horas en esta situación, mi cuerpo y mente empiezan a organizarse y a regular el horario habitual acorde a la rutina. La experiencia ha servido para dos cosas fundamentales: sentirme libre y evitar el tiempo.

Cada que un cumpleaños se acerca, desde que soy legal en el mundo la fijación aumentó, inicia una obsesión enfermiza por saber qué estoy haciendo, hacia dónde debo dirigir mis esfuerzos y con qué debo darme por vencida. La última semana esta filia temporal se desvaneció y dio lugar a una sensación de esperanza y libertad que había perdido en los últimos años.

Una frase que se presentó continuamente fue la de tener el mundo a mis pies; sigo sin sentir que esto suceda, el mundo lo tengo inalcanzable; mis esfuerzos, ánimos y objetivos cada vez quieren abarcar más de él, mis sentidos quieren probar, ver, oír y sorprenderse como cuando tenía cinco años.

Por absurdo que parezca ese ha sido el objetivo marcado en los últimos días ¿podré llevar la rutina y esta meta? No sé, sin embargo la experiencia de libertad que se siente es incomunicable y ojalá me envidien por eso y busquen percibir algo igual para que se pierdan, para que vuelvan a creer.

La rutina diaria, el trabajo, las responsabilidades y los mil y un factores que cada día se presentan en nuestras vidas muchas veces nos hacen creer que somos felices hasta que dejamos que nuestra locura se asome racionalmente y te ponga un cuatro en el que tus obsesiones te aprisionen. Sean libres, sean felices y hagan arte.


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