Son
mis últimas horas en esta situación, mi cuerpo y mente empiezan a organizarse y
a regular el horario habitual acorde a la rutina. La experiencia ha servido
para dos cosas fundamentales: sentirme libre y evitar el tiempo.
Cada
que un cumpleaños se acerca, desde que soy legal en el mundo la fijación
aumentó, inicia una obsesión enfermiza por saber qué estoy haciendo, hacia
dónde debo dirigir mis esfuerzos y con qué debo darme por vencida. La última
semana esta filia temporal se desvaneció y dio lugar a una sensación de
esperanza y libertad que había perdido en los últimos años.
Una
frase que se presentó continuamente fue la de tener el mundo a mis pies; sigo
sin sentir que esto suceda, el mundo lo tengo inalcanzable; mis esfuerzos,
ánimos y objetivos cada vez quieren abarcar más de él, mis sentidos quieren
probar, ver, oír y sorprenderse como cuando tenía cinco años.
Por
absurdo que parezca ese ha sido el objetivo marcado en los últimos días ¿podré
llevar la rutina y esta meta? No sé, sin embargo la experiencia de libertad que
se siente es incomunicable y ojalá me envidien por eso y busquen percibir algo
igual para que se pierdan, para que vuelvan a creer.
La
rutina diaria, el trabajo, las responsabilidades y los mil y un factores que
cada día se presentan en nuestras vidas muchas veces nos hacen creer que somos
felices hasta que dejamos que nuestra locura se asome racionalmente y te ponga
un cuatro en el que tus obsesiones te aprisionen. Sean libres, sean felices y hagan
arte.
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