Edu va caminando cuesta arriba, al pisar
percibe una sensación atrayente al suelo, como si éste la quisiera comer,
también se siente débil y trata de no caer, empieza a agitarse su corazón, a
hiperventilar y a sudar. Persiste en su andar, observa hacia el horizonte y se
da cuenta que el cielo no es del color usual, se torna verde, un verde lima que
es imposible comprender. Sigue la atracción fatídica hacía el suelo, no puede
aguantar más y cae, mientras se da cuenta que ha brincado en su cama y todo era
un sueño ¿en qué momento materializo su angustia?
Edu le cuenta a su mamá que el día de
ayer se encontró con Richi, hablaron sobre todo lo que habían dejado de decir y
tuvieron un momento de catarsis. Ella siente que descansó su alma, pero al
contarlo también se da cuenta que no se siente del todo bien, hablar de esa
forma, tan ideal, tan como nunca lo hicieron le da esperanza a algo que debe
dejar atrás. Se siente como en su sueño, angustiada y a punto de caer.
Edu está acostada intentando soñar otra
vez con el camino. Imagina el cielo, el piso, sus nervios, su sudor. No logra
materializar el sueño, no logra recrearlo. Termina soñando algo tan común que
olvida al despertar.
Edu se telefonea con Richi. Habla sobre
materializar lo ideal. Se dan largas y no logran siquiera verse.
Edu va a comer un pastel de chocolate. Lo
toca, lo ve. Corta un pedazo, lo observa, ve que está relleno de frambuesa,
percibe el olor dulce, el olor de la frambuesa ácida, lo muerde, lo saborea, lo
traga. Lo logra materializar
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