Cuando
uno decide iniciar algo no se espera caos. Usualmente iniciamos siendo sutiles,
intercambiamos miradas, sonrisas y pequeños saludos. Desde la familia este
reconocimiento es válido y lo vamos replicando conforme socializamos con más
personas. De repente es posible detenerse y ver por lo que hemos pasado.
Fracasos, éxitos, todo vale para saber si finalizamos algo, sin empezamos o si
estamos estáticos.
Ubico
inicios donde éramos placas tectónicas chocando, formando volcanes y siendo
luminosos. Donde creímos ser estrellas fugaces, que podían cumplir los sueños
imposibles y cruzar grandes espacios. Pero al final terminamos siendo ceniza.
De
lo que pasa después de los créditos de la película, cuando prenden la luz y
solo queda basura debajo de las butacas. Cuál es el final de un final feliz,
porque todos mis finales no saben a azúcar. Qué tan frías se vuelven tus manos
cuando dejas de querer. Que tan larga es la calle de tu olvido.
A
veces por eso es más complicado cerrar. Porque los finales abiertos siempre
dejan un espacio a la imaginación al que será, al que pudo ser, el sentimiento
de que tal vez nunca terminé. Amigos,
amigas, familia, parejas ¿cuántos finales no han llegado? ¿por qué cerrarlos?.
Me
dejaron la tarea de analizarlos y empiezo a buscar en el pasado lo que me ¿hace
falta? Es posible que lo que me sobra/falta no sea lo que la norma marca. También
analizo las tareas que me dejan. Trato de hacer una introspección y verificar
si en verdad me siento mal, sin en verdad requiero un cambio.
-Has
estado bien- me dicen. –Te has vuelto cínica porque la fórmula te ha
funcionado-
Entonces
¿por qué cambiarlo?. Sí estoy buscando ayuda o tal vez busque el
reconocimiento. El que me digan –tú estás bien porque has estado bien y planeas
estar bien-. Pero al parecer lo raro es que no es así, que debo seguir la norma
de buscar felicidad.
Y
estamos en la orilla, viendo todo lo que no hemos cerrado. Mis yos, mis yos
escondidos y los más revelados. No vemos algo que realmente falle, vemos la
posibilidad de separarnos y perdernos y entonces sí entramos en pánico.
Ok.
Trataremos de hacer la revisión, jugaremos el papel de arrepentidos y
probaremos si funciona.
Tal vez en un par de meses volvamos desesperados,
porque eso de cerrar ciclos no se nos da.
O
tal vez suceda que por fin cerremos el ciclo.
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