martes, 24 de octubre de 2017

Meli y el tiempo

¿Por qué la tristeza vende tanto? ¿Por qué lo trágico se vuelve algo que quieres ver?

Hace no mucho Melissa vivió una tragedia en su ciudad. Cayeron edificios, colapsaron vidas y los abrazos se volvieron una moneda intasable. El ánimo provocó que los que no se hablaran lo volvieran a hacer, que las diferencias se volvieran equipo y que el rencor disminuyera por las coladeras.


Pero Melissa experimentó otro cambio: perdió su libertad. Esa sensación de sentir que podía tomar sus maletas e irse, que podría despedirse de todos y no precisar el día en que volvería a verlos era un sueño lejano.


Se dio cuenta de lo vulnerable que era al querer tanto y no se sintió bien.




También Melissa platicó mucho. Le contó sus inquietudes a una de sus tías más cercanas, les dijo que salirse de la regla era decirle adiós a sus amigos, a su familia y a otros seres queridos. Pero de no seguir en la libertad tal vez era decirse adiós a ella misma. Estaba inquieta.

Aunque hablar ayudó, no hubo un consejo visible. Las opiniones apuntaban a que ella debía hacer lo que creyera conveniente, pero estaba pérdida en esa decisión. Dejar su ciudad, a su gente, a su espacio también era perder un poco de la libertad y vida que había formado en años. Desaparecer le parecía un acto cobarde y valiente. Un oximorón.


Estaba también inquieta por sentir que el autoengaño, la tristeza y el autosabotaje la habían acompañado desde hacía muchos años. Nunca permitía explicaciones, menos una segunda oportunidad y aún menos sentirse débil. Era el reflejo perfecto de un ser frío con mucho amor, pero pocas emociones.

¿Qué había pasado? El suceso de su ciudad la impactó y desde entonces lloraba a cada oportunidad.
También abrazaba e intentaba perdonar. Evitaba pensar tanto. Invitaba a los demás a ser optimistas y seguir su instinto.


Recordó las decisiones tomadas en el corto plazo y los planes que figuraban en el largo. Pero como siempre, sentía que nada estaba claro y todo podía perecer, como los edificios que cayeron.



A la par sentía que ese evento había marcado un antes y un después en su vida. Ya no quería ser tan crítica, quería compartir más de sí y dejar de ser tan cerrada, pero la propia vida que había configurado la detenían a cada instante.
Después de analizar la situación se dio cuenta de lo egoísta que era y de lo mucho que apreciaba ese egoísmo. No le gustaba extrañar. Al fin, no le había ido mal como para sentir que estaba haciendo algo incorrecto.


Como siempre estaba a la espera de que el tiempo le dijera lo contrario y descubriera que siempre sí había esperanza y amor en eso que dejo ir.  

1 comentario:

  1. Exacto, es un oxímoron, igual que la vida. Besos nena, te quiero porque quieres ser dura pero eres muy sensible.

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