¿Por qué la tristeza vende tanto? ¿Por qué lo trágico se vuelve algo que quieres ver?
Hace no mucho Melissa vivió una tragedia en su ciudad. Cayeron edificios, colapsaron vidas y los abrazos se volvieron una moneda intasable. El ánimo provocó que los que no se hablaran lo volvieran a hacer, que las diferencias se volvieran equipo y que el rencor disminuyera por las coladeras.
Pero Melissa experimentó otro cambio: perdió su libertad. Esa sensación de sentir que podía tomar sus maletas e irse, que podría despedirse de todos y no precisar el día en que volvería a verlos era un sueño lejano.
Se dio cuenta de lo vulnerable que era al querer tanto y no se sintió bien.
También Melissa platicó mucho. Le contó sus inquietudes a una de sus tías más cercanas, les dijo que salirse de la regla era decirle adiós a sus amigos, a su familia y a otros seres queridos. Pero de no seguir en la libertad tal vez era decirse adiós a ella misma. Estaba inquieta.
Aunque hablar ayudó, no hubo un consejo visible. Las opiniones apuntaban a que ella debía hacer lo que creyera conveniente, pero estaba pérdida en esa decisión. Dejar su ciudad, a su gente, a su espacio también era perder un poco de la libertad y vida que había formado en años. Desaparecer le parecía un acto cobarde y valiente. Un oximorón.
Estaba también inquieta por sentir que el autoengaño, la tristeza y el autosabotaje la habían acompañado desde hacía muchos años. Nunca permitía explicaciones, menos una segunda oportunidad y aún menos sentirse débil. Era el reflejo perfecto de un ser frío con mucho amor, pero pocas emociones.
¿Qué había pasado? El suceso de su ciudad la impactó y desde entonces lloraba a cada oportunidad.
También abrazaba e intentaba perdonar. Evitaba pensar tanto. Invitaba a los demás a ser optimistas y seguir su instinto.
Recordó las decisiones tomadas en el corto plazo y los planes que figuraban en el largo. Pero como siempre, sentía que nada estaba claro y todo podía perecer, como los edificios que cayeron.
A la par sentía que ese evento había marcado un antes y un después en su vida. Ya no quería ser tan crítica, quería compartir más de sí y dejar de ser tan cerrada, pero la propia vida que había configurado la detenían a cada instante.
Después de analizar la situación se dio cuenta de lo egoísta que era y de lo mucho que apreciaba ese egoísmo. No le gustaba extrañar. Al fin, no le había ido mal como para sentir que estaba haciendo algo incorrecto.
Como siempre estaba a la espera de que el tiempo le dijera lo contrario y descubriera que siempre sí había esperanza y amor en eso que dejo ir.
Exacto, es un oxímoron, igual que la vida. Besos nena, te quiero porque quieres ser dura pero eres muy sensible.
ResponderEliminar